
El experto en energía y colaborador desde hace años de Energías Renovables analiza en este artículo el impacto que está teniendo la caída de la demanda eléctrica en España, a consecuencia del confinamiento ocasionado por el covid-19. También las derivaciones que tiene para el modelo energético convencional y la generación con renovables. Su conclusión es que hace falta mucha más energía renovable distribuida y menos a gran escala por razones económicas y ambientales.
En la crisis del Covid-19 y la depresión económica que ha provocado la paralización de la actividad económica, se han cometido errores por falta de comprensión de un problema global inédito que se ha pretendido gestionar como una crisis local.
Los activos energéticos valen hoy menos que ayer
El sector energético ha perdido cerca del 30% de su valor, que se añade a la depreciación del 50% de sus activos fósiles realizada en los últimos tres años. Aún así, es el escenario perfecto para que los fondos de inversión continúen comprando y vendiendo activos energéticos.
Esta amenaza afecta particularmente a las energías renovables, muy atractivas para la inversión extranjera, configurando un sector más preocupado por el valor de sus activos, el beneficio y el dividendo. Sobre todo si está garantizado por las subastas del Estado, que por los objetivos climáticos y por los consumidores, también una amenaza para la transición ecológica.
La demanda, la gran olvidada del modelo energético convencional
El confinamiento del país para combatir la pandemia del Covid-19 ha provocado la caída de la demanda eléctrica que ha incrementado la participación de las renovables en el sistema eléctrico. Esto a su vez, provoca siempre un abaratamiento del precio de la electricidad. De persistir esta situación, el precio mayorista estará por debajo de los costes de las instalaciones renovables, éstas quedarán fuera de mercado y reaparecerá el déficit tarifario. La pérdida de rentabilidad de las instalaciones renovables traerá una ralentización de las inversiones.
La pérdida de rentabilidad afectará a las grandes instalaciones renovables conectadas a la red en un modelo de generación centralizada. No ocurrirá lo mismo con las renovables distribuidas o pequeñas instalaciones de autoconsumo. Éstas no tendrán ese problema al estar vinculadas a los centros de consumo y poder ajustar la oferta y demanda.
La gran cualidad de las renovables es que permiten la aproximación de la generación al consumo. Esto es algo que garantiza la más alta eficiencia que permite reducir costes, inversiones y abaratar la energía para el consumidor.
La caída de la demanda eléctrica y de gas deja al descubierto una crisis del modelo energético convencional. No se pueden gestionar las energías renovables como se ha gestionado tradicionalmente la generación con combustibles fósiles. Ni se puede mantener la desproporción de 2019 por la que solamente el 7% de la nueva potencia renovable ha sido de autoconsumo y el 93% para renovables a gran escala. Hace falta mucha más energía renovable distribuida y menos a gran escala por razones económicas y ambientales.
El mundo camina hacia la generación distribuida
A la vez que el Covid-19 provoca la reducción de las emisiones, también representa una amenaza para la inversión en energías renovables, en el vehículo eléctrico y para el cumplimiento de los objetivos de energía y clima de 2030. Así lo analiza la Agencia Internacional de la Energía.
Sin embargo, la AIE insiste en que la respuesta de los gobiernos al impacto económico del Covid-19 no debe perder de vista el desafío de nuestro tiempo: la transición hacia la energía limpia. Consideran que los paquetes de estímulo que los gobiernos están poniendo en marcha para afrontar la recesión provocada por el coronavirus deberían incluir la inversión en energías renovables.
Para la AIE la bajada de la demanda obliga a disponer de más recursos energéticos flexibles y mayor inversión en redes. Si los sistemas eléctricos van a depender cada vez más de las energías renovables éstas deberán aportar flexibilidad al sistema. Por ello, pide que la integración de las renovables sea “una parte central de los planes de estímulo”. En Europa no debería ser un problema cuando la inversión en fondos sostenibles se ha multiplicado por dos en 2019, hasta 120.000 millones de euros.
La modulabilidad de las renovables les permite estar próximas a los centros de consumo y ajustar de forma inteligente y en tiempo real la oferta y demanda de energía. Todo ello a través de todas las formas de autoconsumo con almacenamiento, aumentando la capacidad de energía flexible del sistema eléctrico.
La combinación de renovables distribuidas con baterías de almacenamiento, aplicaciones inteligentes, carga del vehículo eléctrico y agregación (VPP) son los principales recursos energéticos distribuidos (DER) que protagonizan hoy la innovación energética más importante en el mundo.
El objetivo 100% renovables
Alcanzar el objetivo 100% renovables no será creíble si no va a acompañado de una iniciativa dirigida al autoconsumo con almacenamiento en los tejados a través de comunidades ciudadanas de energía y agregadores. La inteligencia distribuida garantiza la capacidad de oferta y demanda flexible suficiente para optimizar los recursos energéticos distribuidos y mejorar la gestión de la red.
La regulación debe mirar más a la demanda que a la oferta de generación. Si no, ¿cuándo se podrán beneficiar los consumidores de las ventajas del autoconsumo y de los contadores inteligentes? ¿Y de la bajada de los precios de la energía por la mayor integración de energías renovables?
Si vencer al Covid-19 depende de cada uno de nosotros, la transición energética, ecológica y justa dependerá de que cada uno de nosotros nos convirtamos en consumidores activos.
Fuente: Energías Renovables
MAR
2020